La unión entre ambos extremos blanco y negro es la máxima expresión del vivo contraste. Estos colores son los eternos polos opuestos que siempre se han atraído. Su uso en la decoración es un clásico. Cada época ha encontrado en ellos un excelente aliado para decorar diferentes habitaciones.

 

La decoración en la mesa con esta dupla es poco frecuente, pero no por ello debe ser descartada. Para llevarla a cabo lo ideal es mantener el equilibrio entre la luz de uno y la oscuridad del otro, sin duda un desafío interesante de resolver.

 

Los interioristas recomiendan intervenir este equilibrio con materiales que cuenten con luz propia, como copas de cristal, vasos de vidrio o cuchillería de acero. También son acertados los complementos brillantes, dorados o plateados. Una alternativa diferente es incorporar colores vivos, como el mostaza, el naranja, el violeta, el rojo o el verde, que están presente en frutas y verduras de todas las estaciones.

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