Hacerse Mujer

Cuando era niña, mi nana de infancia me murmuraba su sabiduría ancestral: que yo era la niña más linda del mundo, que a veces los adultos peleaban porque no sabían lo que tenían entre las manos, que el talento y el éxito no servían de nada sin humildad y también que siempre, para la vida, debía asumir las consecuencias de mis acciones como una mujercita. “Bien mujercita para tus cosas”, me decía. Y yo, que era una niña que después se transformó en una mujer-niña intenté hacerle caso y ser lo más derecha, honesta, clara y responsable que podía. Pero aún sin convertirme en una mujer. Porque una puede nacer mujer, pero hacerse mujer es otra cosa.

Hacerse una mujercita es una decisión. Es un acto de voluntad, un quiebre que una hace y que marca un antes y después para siempre, un quiebre que generalmente proviene de un dolor grande o de varios acumulados que de repente rebasan la mochila que una lleva a cuestas y te ponen en una encrucijada: ¿sigues siendo una niña pataleta o te haces mujercita? Es entonces cuando te haces mujer en un proceso bonito, grande, doloroso y vital. Como si fuera un nuevo parto. Te haces mujer cuando entiendes que cada una de las cosas que has vivido las has elegido tú, incluso aquellas que te han causado dolor. Te haces mujer cuando entiendes que no eres víctima de las circunstancias, ni de los otros, ni de malos amores, ni de una familia, ni de una historia, sino que eres una adulta capaz de escoger, revertir, cambiar y mejorar tu vida tal y como la sueñas.

Te haces mujer cuando te miras de frente y reconoces en ti vacíos, fallas, virtudes y asumes que es lo que tienes para seguir caminando hacia adelante. Te haces mujer cuando aprendes a amar sano. Cuando dejas de depositar tu amor en terreno infértil y lo pones selectivamente en las personas que están en tu vida y te quieren para bien. Te haces mujer cuando no esperas a que hombres a medias con tus amores a medias te abandonen porque tú has abandonado antes algo que no se parecía en nada al amor. Te haces mujer cuando entiendes que el amor no tiene excusas, desgarros, sufrimientos y dramas tremendos, sino que es una bendición que hay que cuidar y gozar como si fuera el último segundo. Te haces mujer cuando te conoces y aprendes a disfrutar lo que tienes, sin hacer responsables a otros por tu felicidad. Te haces mujer cuando comprendes que eres única y que vas a escoger un formato único para tu futuro porque no hay moldes más adecuados que otros ni que sirvan para todas. Te haces mujer cuando pides perdón por tus errores, perdonas a quienes te hicieron daño, tomas esa lección y vuelves a avanzar. Te haces mujer cuando descubres que sin importar tu apariencia ni tu talla, eres bella e irremplazable. Te haces mujer cuando vives de acuerdo a tus propios principios, no a los de los demás. (Porque también te haces mujer cuando ves que no siempre el resto está en lo correcto). Te haces mujer cuando comprendes que nada ni nadie pasa por casualidad. Te haces mujer cuando dices lo que sientes y piensas sin temor. Te haces mujer cuando dejas de vivir con miedo. Te haces mujer cuando sabes que lo mejor está por venir, porque sólo depende de ti. Te haces mujer cuando vives de acuerdo a lo que te dicta tu corazón. Te haces mujer cuando luchas con todas tus energías por lo que quieres honestamente, no por caprichos. Te haces mujer cuando aprendes a desprenderte y sabes que nada es de tu propiedad más que tus actos y sentimientos. Te haces mujer cuando sabes que el valor de una mujer no radica en la maternidad, en la belleza ni la juventud, sino en ella misma. Te haces mujer cuando lo decides, cuando cortas, cuando cambias, cuando eliges ser feliz. Y entonces, cuando te haces mujer, todo, pero todo, empieza a ser más brillante. Y a tener mucho más sentido. Y a ser lo que finalmente estaba hecho para ti.

Leave a Reply